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13 Abril 2017 By Gabriela Isler Lifestyle

¿Quién tiene la culpa?

A menudo nos hacemos esa pregunta y supongo que es normal pensar que hemos fallado en algún momento, y cuestionarnos si fue que hicimos algo mal para que las cosas no resultaran de la manera que estábamos esperando.

Es muy común también encontrarse con esas personas a que les encanta “echarnos la culpa”, o compartir sus culpas con nosotros, ¿cierto? Y de repente, y sin pensarlo o buscarlo, tenemos ese peso en los hombros que nos sobra y que no nos corresponde.

Otra situación frecuente es que nosotros mismos busquemos un culpable… En nuestra mente -algo o alguien- tiene que asumir responsabilidad por nuestras frustraciones; comúnmente juzgamos apresuradamente y preferimos señalar a un tercero, a una situación, o hasta el lugar donde vivimos o nos desempeñamos pero todo esto sin hacer una retrospectiva de nuestras acciones y tomar conciencia de ellas.

El punto es que vivimos en un mundo donde es más fácil culpar que asumir, y es que asumir implica bajar la cabeza y reconocer que hemos fallado y eso no es tan fácil de aceptar. Asumir implica también “defraudarse” a uno mismo y un “doble trabajo”: mirar atrás, darse cuenta y pensar ¿ahora cómo lo corrijo?

Es verdad, hay veces que las cosas no dependen de nosotros y puede que existan factores o personas a las que les podamos salpicar un poquito nuestras frustraciones, pero buscar un culpable no nos resuelve el problema… Se nos va la vida quejándonos de nuestros desaciertos y cargándonos de rencores que nos impiden avanzar y prosperar como seres humanos.

La verdad no sé qué tipo de persona eres tú, si eres tu propia víctima, o de las que apunta con el dedo, o la que simplemente comparte sus culpas; en cualquier caso, honestamente creo que todos –en algún momento- hemos pasado por todos esos escenarios, y la clave es que puedas darte cuenta cuando estés ahí, y que es un patrón de tu conducta que puedes cambiar y solo depende de ti.

Durante los últimos meses de mi vida he intentado, y cabe destacar que no voluntariamente, buscar razones, culpables, pretextos o excusas que me den una repuesta de por qué las cosas no han salido como yo esperaba; al final del día, me di cuenta que no hay culpables, que cada quien tiene una vida, una historia y unas prioridades… Y por supuesto, esas prioridades no son las tuyas, ni las mías.

Reconocí que las cosas no habían salido a mi gusto simplemente porque yo no estuve a la altura de mis metas, porque me quedé a esperar que las cosas pasaran dando mi tiempo y mi mejor esfuerzo, pero no involucrándome como debía. Por ahí dicen que si quieres que las cosas salgan lo mejor posible, no delegues, HAZ que sucedan…

Yo particularmente permitía que la culpa me inmovilizara, sentir el peso de mis frustraciones me bloqueaba, me era muy difícil avanzar, retomar el control y volver a plantearme las situaciones; pero un día me cansé, simplemente me cansé de buscar esos culpables y lamentarme por los resultados poco satisfactorios. Decidí entonces tomar el control total de mis acciones y trabajar para mí, para mi desempeño, para mi felicidad y por mi paz.

Cuando sabes que no es que estás dando un pedacito de ti, sino que estás dando todo tu esfuerzo en alma, mente y corazón, inesperadamente ya no hay más culpables, la conciencia la tienes limpia, y duermes con una sensación de paz inigualable.

Cuando te entregas a tus metas, lo que hagan o digan los demás, e incluso el ambiente en el que te desenvuelvas, no debería hacerte sentir mal, ya que fuiste capaz de hacer todo, todo lo que pudiste en un momento preciso, y estás libre de cualquier tipo de culpa. Así como dicen en mi país: “El que no la debe, no la teme”.

Recuerda que eres dueño absoluto de tus pensamientos y de tus acciones, así que procura siempre que éstas estén alineadas con tus metas y con tus sueños.

Con cariño,

Gabriela Isler - Firma

 

 

2 Comentarios sobre “¿Quién tiene la culpa?”

  1. Zairen Albornoz dice:

    Hola!

    Me gustó mucho este post!

    Saludos desde Madrid

  2. Pedro Luis Ochoa dice:

    Muy buen analisis. Desde Caracas te deseamos todo el éxito del mundo, lo mereces! Dios todopoderoso te cuide siempre!